Paradójicamente a lo que muchos piensan la matemática no es una ciencia exacta, pero hay fórmulas, ecuaciones o simples cálculos aritméticos que no admiten especulación alguna ni mucho menos el mas mínimo error.

Nuestro staff de pitcheo hasta el juego 48 ha sido el departamento de menor rendimiento y el que más críticas ha suscitado entre expertos y aficionados. Cabe destacar que en ocasiones Frank Madan, José Ramón Rodríguez, Yusney Saborit y Yousimar Cousin han trabajado de manera hermética. También el aporte del importado Juan Ramón Olivera ha sido de notable relevancia, pero las lágrimas se apoderan de nuestros rostros cuando nos referimos al bullpen o lanzadores de segunda línea incapaces de sostener una ventaja o mantener un partido pegado para luego remontarlo a golpe de batazos.

Mención aparte para esa ofensiva desbordada de principio de serie que fue capaz de remontar desventajas de hasta 9 carreras. Gracias a los bates de ese indomable line up logramos convertir historias de ciencia ficción en pura realidad. Así se sucedían las victorias y el equipo marchaba viento en popa y a toda vela hasta que llegó el lógico y esperado pinchazo ofensivo. Hombres como Leonel Moas Jr, Luis Gómez mermaron en sus producciones ofensivas, se comenzaron a dejar de manera excesiva hombres en circulación, el batazo clave e impulsor de anotaciones desapareció del escenario y las conexiones de doble play se hacían cada vez más frecuentes.

El pitcheo comenzó a sacar la cara, pero los bates se habían mudado al polo norte y es aquí donde vuelve al ruedo la matemática más elemental, si nuestros lanzadores permiten 5 carreras o menos en un partido es casi obligatorio que la ofensiva produzca más de 5 anotaciones para seguir transitando por la senda de las victorias. Otra fórmula que se emplee daría al traste con nuestras aspiraciones y nos llevará a una racha como la vivida en esos últimos 10 juegos donde solo pudimos sonreír en par de ocasiones en detrimento de 8 descalabros.

Volvimos a ver la luz después de imponernos en ese juego maratónico de 14 entradas y varios días de tensión, para acto seguido arrollar de manera convincente con marcador de 11-0 y un día más tarde remontar una desventaja de cuatro carreras aprovechando las fisuras del pitcheo rival y el despliegue ofensivo de nuestros más avezados peloteros, pero OJO… una cosa es con guitarra y otra muy distinta con violín.

Los Piratas isleños no son en estos momentos el medidor más confiable y en nuestro recuerdo queda la derrota del último partido cuando con las bases llenas y sin la sombra de un out no supimos finiquitar el partido a nuestro favor.

En el apartado de la defensa marchamos sin penas ni glorias pues fildeamos para .974 que es justamente la media del torneo.

Mañana será otro día y el Cándido González le abrirá las puertas y hará que pasen hasta la grama del terreno a los azules de la capital, necesitados in extremis de par de victorias que los devuelva por mérito propio a la zona de clasificación. Nuestros Toros por su parte quieren seguir disipando dudas a la afición escalando puestos en la tabla de clasificación.

Desde ahora nos encomendamos al dios Cronos para que acelere las manecillas del reloj y podamos estar muy pronto disfrutando de un encuentro que nos debe disparar la adrenalina a lugares insospechados.

… y recuerde, mientras que el pitcheo aguante es obligatorio que la OFENSIVA produzca +5 carreras y la DEFENSA se comporte 100%.

Todos esos factores combinados producirán la fórmula perfecta para llegar a la victoria y a ese estado mental que todos ansiamos y que lleva por nombre FELICIDAD.

Un comentario en «Buscando la difícil fórmula de la felicidad.»

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