Hace 9 meses, en el naciente canal de YouTube “La Comarca de los Toros”, tuvimos la oportunidad de entrevistar al director de LOS TOROS, Miguel Borroto.

En una de sus respuestas nos dejó claro que la dirección del equipo no podía hablar de aspirar a clasificar en esta 60 serie, había motivos para ir más allá: “Somos los subcampeones, y sólo podemos aspirar al campeonato, a la corona”. Evidentemente, hablaba en nombre de todos.

Borroto tuvo siempre esa confianza, el equipo también. El pueblo confío en Los Toros, y yo confíe con mi pueblo, y en mi equipo.

La vida nos demostró que nos confiamos demasiado.

Cuando terminó la primera mitad del campeonato, nadie dudaba de la presencia Camagüeyana en la postemporada. El exceso de confianza nos jugó una mala pasada.

Como se sabe, el rendimiento y resultado deportivo de un equipo es multifactorial. Y considero que el fracaso en esta clasificación no lograda, no tuvo un solo responsable. Fueron múltiples los elementos que nos llevaron cuesta abajo.

Tanto el éxito como el fracaso en el béisbol proceden de una combinación de capacidades físicas, y en este caso vimos a un equipo que muchas veces mostró cansancio y una disminución lógica en la última recta del campeonato. 

El lado más fuerte del equipo en esta temporada, fue el bateo. Todo lo contrario del torneo anterior donde fue el pitcheo quien sacó la casta. 

Después de comenzar a todo tren, los bates pesaron en el momento que más se necesitaban. Y algunos TOROS se quedaron en deuda con la STAMINA. Para poder llegar a ser campeones, la curva del rendimiento, dividida en micros y macrociclos de entrenamientos, cayó antes de lo esperado. Me hubiera encantado ver a mi equipo en los Play Off, pero me pregunto si hubieran podido recargar las baterías para los juegos finales tan exigentes. Cuajados de muy efectivos bateadores, con una alineación bien balanceada, Borroto no logró encontrar la calma en el 3er turno, donde llegó a usar a 5 peloteros, pero ninguno logró mantenerse en una racha sólida. Tuvo que buscar fórmulas distintas, una y otra vez. Esto  quizás, pasó factura muchas veces, y fue uno de los baches que más le señalan sus detractores. 

En cuanto a las cuestiones técnicas, y tácticas, el uso del toque de bola, se hizo polémico, y lo peor fue que no resultó efectivo en muchos momentos claves. También, nos falló la mecánica defensiva, sobretodo en el infield, en una temporada donde el fildeo fue uno de los puntos más oscuros de nuestro equipo. Muchos juegos, se nos escaparon por ahí. Algunos errores, de los que no se apuntan, costaron carreras que pesaron al final de la contienda. Un aparte especial para la magnífica actuación de los receptores. Sus 2 Passball y su excelente promedio de cogidos robando, fue un punto brillante en toda la 60 Serie Nacional. 

Desde el punto de vista estratégico, el manejo del pitcheo fue todo un juego de ajedrez contra reloj, donde hubo jugadas arriesgadas que salieron bien y otras que salieron mal. Desgraciadamente, predominaron las desfavorables, en un staff de pitcheo donde solo tuvimos un abridor “al seguro”, y los técnicos tuvieron que hacer de tripas corazón ante la inestabilidad de uno de nuestras principales cartas de triunfo, mientras esperábamos la final explosión como lanzadores de jóvenes promesas que no terminan de cuajar. Nos apoyamos en lanzadores de experiencia pero que no estuvieron a la altura de la exigencia del campeonato. El pitcheo de 2da línea, nunca ofreció garantías, salvo raras excepciones y algún que otro destello, pero con falta de constancia. La inestabilidad en este primordial renglón, dio al traste con muchas posibles victorias. Pero no dejaré de señalar las sensibles ausencias, y las reiteradas ocasiones en las que con toda vergüenza deportiva, más de uno se subió al montículo con dolencias, y a puro corazón. 

La experiencia y los golpes nos dejaron claro que “al que hace planes, le toca recibir planazos”, y eso sucedió mientras calculamos la cantidad de juegos que necesitábamos para pasar a la próxima etapa. Quien iba a pensar que 41 victorias y 34 derrotas, un saldo positivo, no sería suficiente?? 

Hoy, todo el equipo, y todos los seguidores, hemos confirmado que el oro hay que alcanzarlo desde el partido inaugural. Que la clave del éxito es ganar en cada salida como si fuera la última oportunidad. Es luchar cada victoria, juego a juego: día a día. Sin pensar en el rival de mañana. Como si cada enfrentamiento particular, fuera el Play Off final. 

Aspectos psicológicos, como el momento de situarse en el “juego chiquito” con toda la concentración posible, tanto para jugadores, como para la dirección nos hizo ver a un equipo que tiene como aspecto fuerte desde el punto de vista fisico: su juventud, pero como desventaja: Su inexperiencia. En la medida que se acercaban los juegos finales, el equipo se veía más preocupado en el terreno. Algunos han llegado a creer que jugaban sin motivación. Pero no se debe confundir el desgano con la presión originada por haber estado tanto tiempo bailando en la cuerda floja, al borde del precipicio. Abismo al cual, finalmente cayeron ellos, y con ellos, nosotros.

Existen otras variables ajenas del propio accionar de los atletas (árbitro, terreno de juego, rival).

Con estos factores y más, se considera al pelotero como una unidad funcional que necesita de una atención y entrenamiento global para obtener su máximo rendimiento por parte del equipo de dirección, y su manager. Y al decir de los propios peloteros, no hubo carencias en atenciones, en seguimiento ni en entrenamientos científicamente asesorados. 

Hay una máxima en la vida: “No se premia el esfuerzo, solo se premian los resultados”. Sin embargo… Altos grados de esfuerzo deben recompensarse sin importar el logro de la victoria. Hablamos de una variable decisiva para el éxito. Su valor sobrepasa el grado de destreza del deportista. Por eso prefiero usar otra gran verdad en el béisbol : “Ningún equipo es tan bueno como luce cuando gana (Isla de la Juventud, remontando en el 9no Inning al sonido de tambores y timbales) o tan malo como luce cuando pierde (Granma siendo humillado a golpe de batazos o Las Tunas, regalando juegos por errores. Ambos víctimas de Camagüey). 

Eso explica que equipos “grandes del pasado año”, como LOS TOROS, pierdan competencias: 

probablemente seleccionaron grados de esfuerzo inferiores a los necesarios para vencer a contrarios calificados como “débiles del pasado año” (Ciego, Artemisa, La Isla). Y como ya sabemos, en la vida todo es relativo. Pues como publicara un periodista Camagüeyano, en los últimos 17 años, LOS TOROS han sido un equipo del lugar 11. Pero muchos quieren lincharlos por haber quedado en un doloroso 9no, sobretodo para aquellos que sólo vieron la película de la 59 Serie Nacional. En esos últimos 17 torneos, el para muchos, “villano” Borroto, fue el que nos volvió a poner una medalla en el pecho. Ahora, para él, algunos han querido, ponerle una soga, y no precisamente en el pecho. 

Pero como dijera Martí : “Los desagradecidos sólo ven las manchas”. 

A pesar de haber tenido algunos momentos de brillo, el equipo Camagüey de Béisbol, desde hace 30 años dejó de ser un equipo competitivo. Incluso, los grandes campeones y los históricos trabucos, han lidiado con el fracaso varias veces en sus trayectorias , pero suelen emplear el tropiezo para moverse en lo positivo. Son privilegiados, y aún más grandes, por su optimismo, resiliencia, poder mental y autoconfianza, que les permite volver a la senda de los lauros y los triunfos. 

En esta 60 Serie, vimos con satisfacción el crecimiento de muchos peloteros, sobran los nombres. Algunos de ellos, aún con reales posibilidades de ser campeones nacionales representando a nuestros TOROS en otro equipo. 

También vimos a un equipo con garra, que muchos de sus triunfos los consiguió por remontadas. Que incluso, en muchas derrotas, se quedaron cortos intentando igualar el marcador. Que no se dejaron vencer ni siquiera en el juego 75, aunque ya el mal estuviera hecho. Siempre con la idea de lograrlo, tratando de venir de abajo en juegos ampliamente desproporcionados. Siempre con la fe puesta en que serían los campeones, hasta el último out. Y hasta la última victoria de Santiago de Cuba donde se esfumó todo el sueño.

Y en los próximos meses habrá mucho trabajo de mesa por hacer, mucho terreno por emplear en cada nueva sesión de entrenamientos. Con tantas tareas sin hacer, habrá suficiente material para limar cada aspereza y eliminar cada deficiencia.

A pesar de todo, LOS TOROS DE CAMAGUEY han pasado de ser un equipo sin sabor, a un  elenco respetedo en nuestros torneos. Seguido, aclamado y a la vez, odiado. Durante los juegos finales , muchas almas rezaron por un milagro mientras otros corazones latían por ver una caída mortal. Camagüey ha dejado de ser un equipo del montón, y hasta sus más fieros detractores lo reconocen. Saben que dentro de unos meses, la embestida de estos TOROS, será mucho más impresionante. 

Hoy digo, sin temor, que la solución no está en expulsar a nadie. Ya estamos hartos de esos cambios radicales después de cada derrota y convencidos que solo es una forma más de ponerse una venda en los ojos ante los errores, como un modo de “tirar el sofá por la ventana”. 

Este equipo está lleno de talento… Conviértase esa riqueza en calidad física, tecnica, táctica y psicológica.Que se emplee a fondo un cuerpo de dirección lleno de resultados como los grandes atletas que fueron  y como técnicos que hoy son. 

Al final del partido: En la pelota, unas veces se gana y otras veces… Se aprende.

Un comentario en «Tareas pendientes en la Plaza de Toros»

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