Se acaba de actualizar el Ranking Mundial de la Confederación Mundial de Béisbol y Sóftbol y para tristeza de todos los apasionados de nuestro deporte nacional una triste realidad nos golpea sobremanera, y es que Cuba no aparece entre los diez (10) primeros equipos del listado.

Mucho tuvo que ver la prematura eliminación en el torneo preolímpico de la Florida donde no fuimos capaces de avanzar a la siguiente ronda y por ende perdimos la oportunidad de discutir los cupos en juego a la cita estival de Tokio 2021.

Mencionar las ¨causas y azares¨ sería algo así como redundar, pues expertos de los medios y pueblo en general saben a ciencia cierta el mayor mal que enfrenta el hasta ahora pasatiempo nacional de todos los cubanos.

No solo se ha cedido en la categoría de mayores, la pelota cubana tiene una deuda desde las categorías inferiores. De hecho, el Ranking Mundial tiene en cuenta las actuaciones de los planteles nacionales desde la categoría menores de doce (12) años hasta el nivel profesional durante un período de cuatro (4) años.

¡Cuántas derrotas a todos los niveles hemos experimentado en el transcurso de los últimos años! ¡Cuánto se ha desangrado nuestro béisbol! ¿En qué lugar de La Mancha se encuentran los prospectos mayores de la isla?

La vida está en constante movimiento y evolución y nosotros LAMENTABLEMENTE nos hemos quedado bien rezagados, pero el mayor problema radica en la mentalidad de los directivos que rigen los destinos de nuestro béisbol. La pelota cubana necesita a gritos de personas con nuevas ideas y sobre todo que rompan con esos dogmas que han venido lacerando e hiriendo este bello deporte que forma parte de nuestro orgullo nacional.

Por el momento no queda más que cruzar los dedos y encomendarse al milagro de que un futuro mejor es posible, siempre y cuando dejemos a un lado métodos y estrategias arcaicas que nos han llevado al fondo del pantano.

Contamos con el material humano y mucha gente de suficiente vergüenza y amor por el béisbol, que al fin y al cabo son el pilares fundamentales para volver a encumbrarnos a esos planos estelares que por décadas constituyeron una vitalicia morada. Solo queda estimular a los actores principales del espectáculo y que el proceso de aprendizaje y superación nunca se detenga.

Ya es hora de quemar las naves y recuperar el lugar en el Olimpo beisbolero que siempre nos perteneció y que por determinadas cosas de la vida dejamos escapar.

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